Introducción
1890/1904

Durante los primeros años de vida del club, ya desde 1890, las funciones propias de lo que hoy entendemos por la figura del entrenador serían asumidas por el capitán del equipo, dando así continuidad a la tradición británica, plasmada en la herencia recibida a través de gran parte de los fundadores de la entidad. Así pues, el cargo de capitán quedaba reservado sólo para los elegidos, pues sus funciones iban mucho más allá de portar un brazalete o ser el primer jugador en saltar al campo. El capitán era el hombre encargado de seleccionar a los jugadores y establecer sus posiciones dentro del terreno de juego. Por lo tanto, debía ser un hombre de fuerte personalidad, con don de liderazgo y firme a la hora de hacer cumplir sus instrucciones. Igualmente, debía ser un jugador lo suficientemente bueno como para estar en el primer equipo, teniendo un perfecto conocimiento del juego y sus reglas, pues en caso de que surgiese algún conflicto, en ausencia de un árbitro, él y el capitán oponente eran los encargados de solventarlo. Su posición solía estar en la defensa, ya que este era el lugar desde donde mejor podría ver y dirigir el juego de sus hombres durante la contienda. De este modo, podríamos decir que Hugo MacColl, primer capitán del Sevilla FC, fue la primera persona encargada de dirigir la nave sevillista sobre el terreno de juego.

La figura del entrenador, tal y como la conocemos hoy, no quedaría establecida definitivamente en el fútbol español hasta bien entrada la década de 1920, ya con los primeros balbuceos del profesionalismo. Hasta ese momento, diferentes miembros del club sevillista –capitanes como Valenzuela, Alba, Tornero o el mítico Kinké, gran artífice de la aparición de la escuela sevillsta–, recogerían posteriormente el testigo legado por Hugo MacColl para dirigir a sus hombres hacia la victoria. Paralelamente, a medida que avanzaba el siglo XX, otros miembros de la entidad, socios del club como Eugenio Eizaguirre y Arturo Ostos, comenzarían a actuar como preparadores del primer equipo.

No será hasta la llegada del irlandés Charles O’Hagan cuando pueda considerarse que hay verdaderamente un entrenador según el moderno concepto que se tiene según las funciones que le competen desarrollar.