Asegura que va a tender la mano a los jugadores, pero "hasta que no se demuestre lo contrario, yo soy el que mando", por más que entienda que la autoridad tiene que aplicarla en dósis medidas
La entrevista que Michel concedió a la revista SFC 1905 y que salió a la luz el pasado sábado, se realizó días antes de que el técnico tuviera que expulsar a Medel y Spahic por su encontronazo en el entrenamiento previo al partido de la Real Sociedad, al que no fueron finalmente convocados. Ahí el madrileño actuó con la autoridad de un sargento y lo cierto es que no debería sorprender a tenor de lo que afirmó horas atrás.
Ante la pregunta de si los entrenadores deben aplicar el látigo a sus pupilos, respondió lo siguiente: “Eso no puede ser siempre de la misma manera. Si tu la mala leche la expresas cada día en las mismas dosis, llega un momento en que ni la mala leche es efectiva, porque dicen, ‘bueno, ya está aquí éste, que se ha levantado como todos los días’… Y al final no te hacen caso. Tiene que haber diferentes maneras de afrontar las situaciones, para que sepan cuando estás con ellos y cuando les pides a ellos. Ahora, antes de estar con ellos, les estamos pidiendo para estar mucho más con ellos, porque ellos mismos te lo reconocen, que han estado por debajo de sus prestaciones. Y a partir de ahí podemos ser lo amigos que quieran, pero el trabajo para ellos es lo primero y el entrenador soy yo. Y hasta que no se demuestre lo contrario, yo soy el que mando. Pero les tiendo la mano, porque quiero que vengan conmigo, porque si al final sólo aplico mala leche me voy yo con mi orgullo y llego solo al campo… Al final el jugador te detecta rápidamente y si llegas con la estampita de ser un sargento a los dos días ni los gritos les afectan. Entonces habrá días que sea sargento, habrá días que sea padre, habrá días que sea abuelo, pero siempre, siempre seré exigente. Mi padre me quiere mucho, pero siempre ha sido tremendamente exigente conmigo. Y yo lo aplico igual a mis hijos y exactamente igual a mis jugadores”.
Y aclara: “Al final el jugador te detecta rápidamente y si llegas con la estampita de ser un sargento a los dos días ni los gritos les afectan. Entonces habrá días que sea sargento, habrá días que sea padre, habrá días que sea abuelo, pero siempre, siempre seré exigente. Mi padre me quiere mucho, pero siempre ha sido tremendamente exigente conmigo. Y yo lo aplico igual a mis hijos y exactamente igual a mis jugadores”.
En consecuencia, Michel se define como “un entrenador estricto, pero cercano. Los jugadores saben que conmigo se puede dialogar constantemente, e incluso discutir, pero luego cada uno tiene que entender cuál es su responsabilidad. Y la mía es alinear. No hay ninguno, ninguno de los que están en el vestuario que tenga más ganas de que las cosas les salgan bien al Sevilla. Ninguno más que yo, o sea, que a partir de ahí, arreando”.
Para Michel el diagnóstico del Sevilla que se encontró hace dos semanas era el siguiente: “Lo principal es que es un equipo con muy buenos jugadores, bastante compensado y un equipo que, como le pasa a todos en algún momento, tiene falta de seguridad. Y esa confianza la vamos a intentar que la desarrollen, porque lo problemático sería al revés, que tuvieran mucha confianza y seguridad, pero no tuviesen el nivel. Ése no es el tema, por eso somos optimistas en ese sentido. También saben ellos que solas esas cuestiones no se pueden hacer, que se tienen que hacer a través de ellos”.
A su juicio, “hay que hacerles ver que nosotros entendemos muy bien la situación. Yo decía el día de la presentación que perfectamente podía haber sido al revés, haber empezado yo la temporada y en esas circunstancias llegar Marcelino ahora y seguro que iba a hacer el diagnóstico que yo hago, porque al final está en ellos. Uno, cuando los ve entrenar, moverse y hacer acciones técnicas, no es que tenga la intuición, es que me estoy dando cuenta que estamos ante unos jugadores muy buenos. ¿Que la cabeza tiene mucha importancia? Pero también el corazón y el corazón en un equipo como éste se te tiene que salir del pecho en todos los partidos, pero también en cada entrenamiento”.
Para Michel el método “tiene que ver con la cercanía, con la comunicación y también con la naturalidad. Ellos ya saben que con el trabajo no se juega y que tienen que desarrollar todas sus cualidades… Nosotros les ponemos la mejor mesa posible, para que estén en el sitio y lugar idóneos para desarrollar esas cualidades, pero con exigencia, no vamos a dejar ni un solo momento de decirle lo bueno y lo malo, porque nosotros vivimos de esto. Quiero que haya un canal de comunicación fantástico, para que si un jugador me tiene que pedir permiso por un asunto personal, fenomenal, porque yo lo que quiero es que el jugador esté bien y que rinda bien, y cómo mejor rinde es con la cabeza limpia”.
Dime qué centro del campo tienes y te diré qué equipo tienes… Esta frase el actual entrenador sevillista la ha dicho muchas veces y la pregunta al respecto es qué centro del campo tiene el Sevilla: “Muy bueno. Tenemos centrocampistas de todas las categorías, pero con un elemento, un denominador común, que es que todos saben qué hacer con el balón y eso es fantástico, porque con el futbolista que sabe jugar, por ejemplo Jesús Navas, vamos a intentar que haga otras cosas que tienen que ver en lo táctico, para que desde ahí pueda explotar sus virtudes, según nuestra idea. Pero sería muy difícil hacerlo al revés; es decir, enseñarle a Jesús a desbordar, a centrar, a meter goles, a hacer una pared… Eso es más difícil que enseñarle a orientarle sobre otras cuestiones, que es lo que vamos a hacer”.
Para el técnico lo que le ocurra o no a este equipo “no creo que sea una cuestión de trabajar tácticamente o técnicamente, que lo vamos a hacer, porque nos encanta hacerlo, sino del estado anímico. Entendemos que si lo recuperamos cuanto antes, y creo que lo estamos haciendo, lo vamos a tener más fácil., porque el jugador va a entrar en una espiral de confianza que va a facilitar mucho el trabajo”.