Ivan Rakitic cuenta los días para cumplir su primer año en Sevilla. Doce meses con un comienzo espléndido y una segunda parte gris por una inoportuna lesión que no le ha dado tregua hasta hace sólo unos días. Confiesa que ha jugado con miedo en esta campaña y que hasta la vuelta de las vacaciones navideñas no han remitido definitivamente las molestias. Ahora, liberado del dolor, presiente que llega su momento, justo en el lugar indicado para desarrollar todas sus virtudes, como ya le dijo en su día su idolatrado, y también amigo, Robert Prosinecki. Con la Eurocopa como telón de fondo, este joven de aspecto sereno y formas maduras quiere engrandecer el innegable vínculo sentimental que estableciera en su día Davor Suker entre Croacia y Nervión. El Sevilla le espera y, sobre todo, le necesita.
Ivan Rakitic, maldita lesión ante el Almería… ¡Cómo le ha perjudicado!
Claro, porque fue una lesión grande y la primera que he tenido en mi carrera. Fue algo muy fuerte, con una operación, con cuatro o cinco meses sin jugar… Es algo muy difícil de asimilar, pero esto es el fútbol.
¿Ha sido su primera lesión grave?
Sí, sí… Para todo hay una primera vez. Es difícil, porque no conocía esas sensaciones de estar parado. Pero aquí se ha trabajado mucho conmigo y estoy bien, peleando por llegar a mi nivel. Ahora me siento mucho mejor que hace unos meses.
Su puesta a punto ha requerido tiempo.
Claro, necesitas tiempo y muchos partidos para llegar al nivel, porque es muy difícil cuando entras en un partido sin hacer pretemporada.
En algún momento de esta campaña ha parecido que entraba con algo de miedo…
Sí, es normal, porque fue una operación en la que me metieron un tornillo en el pie. En los primeros dos o tres meses, seguro que tenía ese miedo, pero ahora ya no. Desde hace unos días no tengo dolor y eso es bueno.
¿A qué nivel se ve con respecto a la anterior campaña?
No sé (risas). Vamos a ver. Creo que desde que retomamos los entrenamientos tras la Navidad me siento perfecto. No tengo dolor y por eso pienso que voy a mejorar mucho ahora. Hasta el partido del Madrid, incluido, he jugado con pequeñas molestias, que ya no siento. Espero que siga así hasta junio.
Hablemos de usted. El año pasado Prosinecki le definió como un chico mayor, al que el triunfo le llegó muy pronto.
Fue todo muy rápido y creo que eso me ha influido bastante. Firmé mi primer contrato con 16 años en el Basilea. Con 19 llegué a Alemania y jugué la Eurocopa, luego la Champions… Tengo muchos partidos para tener 23 años, pero aun sigo siendo joven. Creo que la madurez llega a los 25 ó 26, pero para eso es muy importante que en tus comienzos juegues todos los partidos, como me ha pasado.
Cuando llegó a Sevilla nos sorprendió diciendo que su ídolo era Prosinecki y no Davor Suker.
Así es, porque Suker es delantero y yo jugaba en el mediocentro, igual que Prosinecki, que por eso era un ídolo para mí. Prosinecki es un crack, alguien impresionante. Trabajé con él tres años en la selección y lo sigo viendo como una máquina. Por eso para mí personalmente es más que Suker, por más que Suker sea insuperable en Croacia.
¿Cuál es su relación con él?
Hablamos mucho, para mí es un amigo. Él entrena en Serbia, pero estamos en contacto y siempre me ayuda cuando le pido consejos. En su día, de hecho, me dijo que en España se juega el fútbol que a mí me gusta, el juego perfecto para mí, me dijo que no me preocupara por nada, que iba a salir todo perfecto. Por eso decidí ir al Sevilla.
¿Le preguntó a Prosinecki?
Sí, sí, claro. Le pregunté qué pensaba que era lo mejor para mí, porque tenía tres o cuatro ofertas. Él me dijo que el Sevilla era perfecto y me decidí.
Dicen que su compañero en el Schalke, Raúl, también le aconsejó por Nervión.
(Risas) Sí, me comentó que la oferta del Sevilla era perfecta, que el Sevilla era un equipo ideal para mí.
Usted cayó de pie, con gran juego y muchos goles… Pero este año la cosa se ha complicado, seguramente por sus problemas de lesión.
Ha influido todo un poco. No he jugado mucho de inicio y necesito tiempo para llegar a mi nivel de juego, por más que las molestias no me han dejado en paz hasta hace nada. Ahora estoy bien, sin dolor, y espero que lleguen mis goles y mis asistencias.
Una de sus mejores condiciones es la disciplina. Dicen, los que le conocen, que es de lo más profesional que se puede encontrar en este mundillo.
Dese cuenta que he jugado cuatro años en Alemania y allí la disciplina es muy importante, más si tienes un entrenador como el que tuve, Felix Magath. Obviamente, eso me ha influido bastante y se ha convertido en una pauta de mi trabajo.
Además, ha crecido en Suiza, otro país famoso por su orden. ¿Por qué emigraron sus padres allá?
Mis padres emigraron en busca de trabajo, porque la vida en Suiza era más fácil, había más calidad. Mi padre llegó a jugar en la Segunda División suiza y allí nací y crecí yo, rodeado siempre de fútbol.
¿Cuándo y cómo decide jugar para Croacia?
Fue algo difícil, porque había jugado en las categorías inferiores con Suiza, pero cuando firmé por el Schalke me llamó el seleccionador Slaven Bilic. Tuve que decidir y aposté por Croacia, porque mi sueño había sido jugar siempre con esta selección y se me abría una oportunidad. Siempre sentí Croacia como mi país.
¿En quién pensaba cuando soñaba con ser futbolista?
Mi ídolo era Robert Prosinecki, sólo él. Por eso, cuando me llamaron para jugar con Croacia y pensar que podía trabajar junto a él, pues era el segundo de Bilic en la selección,… Imagínese, era todo un premio.
¿Y qué me dice de Davor Suker?
Pues qué le voy a decir. Ahora todos deseamos que llegue a la presidencia de la federación croata. Siempre que voy a Croacia hablo con él y me pregunta cómo van las cosas aquí, cómo están Martagón y Monchi (risas)… Para mí es importante que gente como Suker conozca mi trabajo, mi ciudad.
Usted, como Suker, tiene una zurda espléndida. ¿Cuál de las dos es mejor?
(Risas) La de él, por favor. Nunca podré llegar a su nivel, para nada. Claro que lo voy a intentar, pero es muy difícil.
¿Qué es Suker para Croacia?
Suker es el fútbol, es un ídolo. Cuando se habla de fútbol en mi país se habla de Davor. Es el máximo exponente.
Pero usted eligió ser mediocentro y no delantero… ¿Por qué?
No sé. Tal vez cuando eres chico todo el mundo quiere ser delantero y siendo mediocentro tienes más oportunidades. La verdad es que siempre jugué en esa posición.
¿En qué mediocentro se inspira en la actualidad?
De hoy me gusta mucho Luka Modric, mi compañero de selección. Es un poco más ofensivo que yo, tiene mucha calidad y siempre quiere tocar el balón. Jugamos muy bien juntos, tenemos mucha posesión y me siento muy a gusto.
¿En Alemania jugaba más arriba que en España?
No, no. En Alemania jugaba más defensivo y ahora un poco más arriba. Pero a mí me da igual, lo importante es el bien del equipo y siempre estaré para lo que quiera el entrenador.
¿Cuál es el mejor mediocentro del momento?
Hay muchos, pero sin duda Xavi, que es impresionante. Es el mejor mediocentro del mundo.
Cambiemos de tercio y hablemos del equipo. ¿Cómo lo ve?
Estamos bien. Creo que tendríamos que tener seis o siete puntos más, pero estamos concienciados de que hay que llegar al objetivo de la Champions y pienso que tenemos la calidad suficiente para estar ahí.
El equipo es incapaz de ganar tres partidos consecutivos en Liga. ¿Por qué no se logra una regularidad positiva en los resultados?
Es difícil. Hemos tenido un poco de mala suerte con los lesionados. Álvaro, Freddy, Perotti o yo mismo. Ahora estamos todos recuperados o casi y creo que hay más calidad en la plantilla que en esa primera parte del campeonato. Yo estoy seguro de que llegaremos a la Champions.
Háblenos de Marcelino.
Es diferente a los entrenadores que he tenido antes, como Manzano o Felix Magath. Creo que es un poco como un amigo, habla mucho con nosotros. Es un entrenador perfecto para los futbolistas, porque es muy importante que un técnico esté siempre a nuestra disposición, que podamos hablar con él… Es dialogante y cercano y eso es fundamental, sobre todo para los jugadores más jóvenes.
¿Cuál ha sido el entrenador más influyente de su carrera?
Le diría dos. Cristhian Gross, que me hizo debutar y crecer en el Basilea, y Felix Magath, con el que alcancé mi mejor nivel, ya en Alemania.
Este año, si todo marcha bien, disputará una nueva Eurocopa. Mala suerte para los croatas, que se enfrentan contra España…
¿Mala suerte? ¿Por qué? Mala suerte para España (Risas). No, claro que España es favorita, pero nosotros tenemos mucha calidad y nada que perder. Si perdemos contra España 3-0 es lo normal, no pasa nada, por eso vamos a intentarlo. Creo que la clave estará en ganar nuestro primer partido ante Irlanda. A partir de ahí, todo puede pasar.
Supongo que todavía tendrá la espinita clavada de la eliminación de 2008, cuando usted falló el penalti decisivo.
Ya no soy el mismo. Soy cuatro años mayor y tengo mucho más jugado, creo que soy mejor que entonces. Esta selección tiene un buen equipo, lo tiene todo para lograr un gran resultado y vamos a intentarlo.